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Ya no reconozco a la persona que está a mi lado

Ya no reconozco a la persona que está a mi lado: Una tarde, en mi centro Anda Conmigo, llegó una mamá con su hijo adolescente. Ambos tenían la mirada perdida. Era una mezcla de tristeza, cansancio y preocupación.

En medio de la conversación, la madre rozó el brazo de su hijo y, con voz temblorosa, dijo:
“Ya no reconozco a la persona que está a mi lado.”

Esa frase me atravesó. Y pensé: ¿quién de nosotros, que somos padres de adolescentes, no ha sentido lo mismo alguna vez?

La adolescencia es una etapa de cambios profundos, tanto internos como externos. Cambios que no solo vive el hijo, sino también la familia entera. Porque cuando ellos cambian, nos cambian también a nosotros. Y sí, duele.

De repente, la cercanía se convierte en distancia. Las risas y los “te quiero” de aquel niño que se trepaba a tus brazos parecen haberse apagado. Aparece el silencio, las puertas cerradas, la falta de comunicación. Y entonces los padres nos sentimos extraños frente a nuestros propios hijos.

Pero el cambio no es pérdida. El cambio es crecimiento. Aunque duela, también es señal de vida, de movimiento, de búsqueda.

Y aquí entra lo esencial: la comunicación abierta, honesta y basada en la confianza. No siempre es fácil, no siempre se logra, pero es el puente más sólido que podemos construir en casa. Porque, aunque no lo digan, nuestros hijos nos siguen necesitando.

Quizás pienses: “Yo lo intento, hablo, me acerco… pero parece inútil.” O incluso: “Ya son mayores, ya no me necesitan, pueden solos.” Y yo te digo: sí te necesitan.

Les dimos herramientas para ser autónomos, pero eso no significa que no anhelen nuestra presencia. La autonomía no reemplaza el vínculo.

Los momentos más simples son los que sostienen esa unión: cenar juntos, dar un paseo, reírse de tonterías en la cama, escuchar de verdad, abrazar sin medida, decir “te quiero” aunque no haya respuesta.

Ahí, en lo cotidiano, se construye la confianza. Esa confianza que les da seguridad, identidad y sentido de pertenencia.

Al final, lo más importante no es reconocer al adolescente que tienes al lado como antes reconocías a tu hijo pequeño. Lo importante es descubrirlo de nuevo. Aceptar su transformación. Acompañar su proceso. Recordarle, una y otra vez, que sigue siendo tu hijo. Y que tú sigues estando ahí.

Aprendizaje de una mamá sin mucho tiempo libre, pero con toda la atención del mundo.

Gracias por leer:Ya no reconozco a la persona que está a mi lado

Meirav Meirav Kampeas - Equipo Edwin Carcano Guerra

Escrito por Meirav Kampeas

Meirav, en sus años de infancia, creció en un entorno muy bonito y especial llamado “Kibutz”. Es una especie de comuna agrícola con varios enfoques interesantes como por ejemplo: Enfatización en el trabajo campirano, decisiones democráticas, rotación de puestos, salarios igualitarios y propiedad colectiva.

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