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Gobierno

“Marea Roja” sobre el Caribe

Una gran parte del desarrollo y estrategia expansionista de la República Popular China en las regiones estratégicas empezó como acciones casi imperceptibles para el resto del mundo, pero con el tiempo se fue develando la verdadera raíz de las operaciones. En el Mar del Sur de China, hace 15 años, el posicionamiento en atolones, arrecifes y cayos por parte de China estableciendo primero faros guía y nodos de réplica satelital para seguridad de las comunicaciones de las marinas mercantes en tráfico, no levantaba suspicacias. Esto fue hasta que el Dragón Rojo desarrollo auténticas plataformas con capacidad logística para despacho marítimo, disposición de tropas, y en algunos casos hasta pistas para facilitar el arribo de aeronaves.

Desde principios del nuevo siglo hace 18 años, la presencia de China en países de Sudamérica como Bolivia, Chile, Paraguay, Brasil, Colombia, Panamá y Perú, se hizo sentir en las operaciones comerciales, presencia de marcas del país asiático, y sobre todo en sectores como minería y pesca. En estos años las estrategias comerciales de China para América Latina han aprendido a tropicalizar sus estrategias, a través de agresivos esquemas de operación financiera mediante filiales locales para facilitar el tránsito burocrático, y mantenerse alejados de la acuciosa visión vigilante de los Estados Unidos de América sobre la región.

En Venezuela proyectos de infraestructura petrolera, vivienda y carreteras contaron con flujos extraordinarios de financiamiento por parte de entidades públicas y privadas de China, lo que permitió a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Madura hacer frente a las restricciones y embargos impuestos por los Estados Unidos. Después el proyecto del Canal de Nicaragua, donde supuestamente el financiamiento de China hacía temblar a los inversionistas del Canal de Panamá que enfrentaban problemas de flujo de capital y técnicos para concluir el segundo complejo de esclusas en ese importante corredor de contenedores.

Esa estrategia de tropicalización ha permitido a grandes conglomerados de China asentar su capital sobre empresas mexicanas de sectores como el automotriz, calzado y su proveeduría, plástico, muebles, pisos y laminados, y tiendas de “retail” a gran escala. Esto es fácil de corroborar con una simple visita a cualquier negocio o tienda departamental para identificar una gran cantidad de “marcas propias mexicanas”, procedentes de China o Hong Kong. Es una tarea en donde los últimos tres gobiernos, dos panistas, un priistas, y el actual “morenista”, no han logrado hacer valer la legalidad, transparencia y combate a la corrupción en las aduanas.

Cuatro gobiernos, amplia variedad de Secretarios de Hacienda, pero ninguno ha tenido la capacidad o el carácter para meter en cintura a la aduana mexicana. Regresando a la Marea Roja sobre el Caribe, las estrategias de financiamiento a proyectos de gran envergadura de complejos turísticos en el Caribe, se encuentran soportados por capital de China, lo que tan sólo en el caso de “Baha Mar”, cerca de Nassau en Bahamas. El Banco de Exportaciones e Importaciones de China (Exim Bank) otorgó un préstamo de 2.400 millones de dólares para la construcción de “Baha Mar”.

Bahamas está a casi 500 kilómetros de Florida, a este proyecto de “Baha Mar” se le suman otros de tipo logístico como una plataforma de contenedores, entre otros más. China está soplando la nuca de los Estados Unidos de América, si bien sería aventurado hablar de eventual presencia militar, el aspecto de inversión y empoderamiento comercial en el Caribe por parte de capital y conglomerados de China, es una “marea roja” que ya quita el sueño a congresistas, senadores y analistas que en un primer aviso destacan situaciones potenciales de riesgo.

La marea roja en los mares satura el natural flujo del agua, así la creciente presencia de capital y estrategias globales asentadas en el Caribe eventualmente terminarán siendo una restricción de magnitudes considerables, que obligarán a los Estados Unidos de América a replantear de manera urgente su visión y atención sobre lo que ocurre en el vecindario.

La pregunta obligada, ¿De qué tamaño es la presencia silenciosa de la “Marea Roja” en México?

Coautor: Jorge Alejandro Rojas Torres

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