Clotilde solo tenía un ojo. Lo había perdido cuando su hermana Cleopatra, dominada por el hambre, se lo arrancó. Compadecida por su sufrimiento, la diosa Atenea le concedió un don: comprender todo lo que los humanos escribían.
Cleopatra era hermosa, orgullosa y consentida. Clara, en cambio, era prudente y discreta.
Un día, un chef eligió a Cleopatra. Ella creyó que admiraba su belleza, pero en realidad la llevó a una olla con agua hirviendo. Sus hermanas escucharon sus gritos sin poder hacer nada.
Clotilde comprendió que las tres correrían la misma suerte.
Cuando el chef volvió por ella y la acercó al agua hirviendo, un violento temblor lo hizo tropezar. Clotilde cayó al suelo y, segundos después, el estanque se rompió, permitiendo que Clara también escapara.
Mientras buscaban una salida, Clotilde alcanzó a leer un letrero: «Langostas a la mantequilla».
Entonces una enorme ola inundó la cocina y arrastró a las dos hermanas hasta el mar. A su alrededor flotaban cuerpos humanos, incluido el del chef.
Antes de hundirse, Clotilde leyó unas palabras grabadas en una placa metálica:
RMS TITANIC.
Solo entonces comprendió que la tragedia que había costado miles de vidas también les había salvado la suya.
Moraleja: Todo depende de la perspectiva. Lo que para unos es una tragedia, para otros puede convertirse en un milagro.
Gracias por leer: Las tres langostas nómadas


