n la frontera donde se encuentran Suiza, Francia y Alemania existe una infraestructura que rompe con la lógica tradicional de los aeropuertos nacionales. El EuroAirport Basel–Mulhouse–Freiburg no pertenece por completo a un solo país y, al mismo tiempo, sirve a tres. Es una obra concebida para una región económica integrada mucho antes de que la globalización se volviera una palabra común.
El aeropuerto está construido físicamente en territorio francés, en la región de Alsacia, cerca de la ciudad de Saint Louis. Sin embargo, su operación está diseñada para atender de manera simultánea a Basilea en Suiza, Mulhouse en Francia y Freiburg en Alemania. Estas tres ciudades forman parte de un corredor industrial y comercial altamente dinámico conocido como la región del Alto Rin, uno de los espacios económicos más activos de Europa.
La historia del aeropuerto se remonta a la posguerra europea. En 1949, Francia y Suiza decidieron crear una instalación aérea conjunta que evitara duplicar inversiones y facilitara la reconstrucción económica. De ese acuerdo nació un modelo institucional singular. El aeropuerto se encuentra en suelo francés, pero funciona también como aeropuerto suizo gracias a un régimen especial de cooperación binacional.
Una de sus características más interesantes es que cuenta con accesos diferenciados. Es posible llegar desde Francia o directamente desde Suiza a través de una carretera aduanera especial conectada con Basilea. Esta solución práctica permite que pasajeros, empresas y operaciones logísticas utilicen el aeropuerto sin que la frontera se convierta en un obstáculo operativo.
Aunque Alemania no es copropietaria formal del aeropuerto, la instalación también funciona como la principal puerta aérea internacional para el sur del país, especialmente para la región de Baden Württemberg. En la práctica cotidiana, el EuroAirport actúa como una infraestructura trinacional que articula intereses económicos compartidos más allá de las fronteras políticas.
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