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Generaciones

El Caballo de Troya

Las ambiciones personales son la principal causa por la que se rompen las alianzas. Agamenón quería quedarse con una mujer que le correspondía a Aquiles. Ambos se dejaron llevar por sus egos. Gracias a esa actitud, el campamento griego perdió a su mejor general y los Troyanos empezaron a ganar todas las batallas. Patroclo le pidió su armadura a Aquiles para poder engañar a los Troyanos. El príncipe troyano Héctor pudo matar a Patroclo en la batalla (pensando que era Aquiles). La Guerra de Troya fue un episodio brutal en la historia de la humanidad. Ahora analicemos la treta de «El Caballo de Troya».

trojan horse replica at the museum canakkale turkey
Photo by Salih Altuntaş on Pexels.com

La Guerra de Troya duró alrededor de 10 años. Para variar todo comenzó con una manzana de oro que sembró discordia entre las tres diosas más poderosas del Olimpo. Zeus con rapidez comprendió que meterse en esos problemas no le iba a traer nada bueno señaló a Paris como el juez del concurso. Mi madre Hera ofreció riqueza y tierras si la elegían ganadora, la odiosa Minerva obsequiaba toda la sabiduría y mi amada Afrodita puso a la mujer más bella del mundo a sus pies. Obvio que el joven príncipe, motivado por las hormonas, señaló a Afrodita como la triunfadora.  

Cuando Aquiles y Héctor se enfrentaron la lucha fue magnífica. Siempre supe que el ganador sería Aquiles. La muerte de Héctor fue algo humillante para los troyanos. Pero los soldados ya estaban cansados, tantos años peleando los habían dejado sin motivación. Ambos bandos estaban exhaustos. Para hacer las cosas más difíciles, Paris mató a Aquiles con una flecha envenenada. Los griegos, al perder a su mejor general, empezaron a sentirse derrotados. Pero ahí estaba Ulises, con su cerebro derecho, listo para idear una solución que acabaría de un solo golpe con el ejército de Troya.  

«El Caballo de Troya» es el arma más eficiente de toda la historia de la humanidad. Ejemplifica el arte del engaño, el factor sorpresa y el punto de ruptura. Los Troyanos, cansados de 10 años de pelear, gustosamente aceptaron el caballo de madera que los griegos les dejaron en la playa. Ulises escondió en el interior de la bestia a varios soldados cuya misión era infiltrarse y cuando los troyanos estuvieran dormidos, entonces abrirían las puertas de las murallas. Con este acto las fuerzas griegas iban a irrumpir dentro de la ciudad con la consigna de destruir todo. El factor sorpresa utilizado de forma magistral.

El punto de ruptura de la ciudad de Troya no era tomar sus murallas. Estas fueron construidas por dioses, así que los mortales no podían destruirlas. La estrategia de Agamenón de atacar de frente causó muchas bajas innecesarias. En cambio, la aproximación indirecta de Ulises, acabó de un solo golpe con el ejército troyano. Identificar el punto de ruptura es algo que exclusivamente los generales más dotados de la historia pueden hacer. Consiste en poner presión sobre el lugar en donde el peso de la estructura colapsa por sí mismo. Ulises lo hizo de manera magistral, creando la treta de «El Caballo de Troya».  

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